El emperador desnudo: Europa, Al-Qaeda y la coalición que no existe

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El emperador desnudo: Europa, Al-Qaeda y la coalición que no existe

Hay un momento en que la contradicción deja de ser un desliz y se convierte en política de Estado. Ese momento ya pasó. Europa no tropieza con su propia retórica: camina sobre ella con la seguridad de quien sabe que nadie le va a cobrar la factura.


De Al-Qaeda al Elíseo: la gira que nadie cuestionó

Ahmed al-Sharaa, mejor conocido como Abu Mohammad al-Julani, tuvo durante años una recompensa de 10 millones de dólares sobre su cabeza. El programa Rewards for Justice de Estados Unidos lo listaba como terrorista. Su organización, HTS, era filial siria de Al-Qaeda.

Eso era antes.

En septiembre de 2025 compareció ante la Asamblea General de la ONU. En noviembre, Trump lo recibió en el Despacho Oval — primer presidente sirio en pisarlo. Y entonces empezó la gira europea que pocos notaron y nadie cuestionó en serio.

París, mayo de 2025: Macron lo recibió en el Elíseo. Para que la visita fuera posible, Francia necesitó una exención especial del Consejo de Seguridad de la ONU, porque al-Sharaa seguía oficialmente en la lista de sanciones por terrorismo. Berlín, marzo de 2026: el canciller Merz y el presidente Steinmeier lo recibieron con operativo masivo de seguridad. Londres, un día después: primera visita oficial desde la restauración de relaciones diplomáticas.

El mensaje es claro y no requiere interpretación caritativa: cuando conviene, la etiqueta de “terrorista” se archiva. No hay principio, hay cálculo. Y Europa lo sabe.


La coalición fantasma de Macron

Mientras tanto, Emmanuel Macron propuso en mayo de 2025 una “coalición de independientes” para la seguridad del Indo-Pacífico. Lo anunció en el Diálogo Shangri-La, en Singapur. Francia, cabe recordarlo, es miembro fundador de la OTAN y alberga su cuartel general en Mons, Bélgica, desde 1967.

La contradicción no necesita mucho análisis: un país que depende del paraguas nuclear estadounidense quiere liderar una coalición “independiente”. En abril de 2026, Macron visitó Japón y Corea del Sur para relanzar la propuesta. Resultado: cero adhesiones concretas.

Mientras tanto, en el Golfo Pérsico, la realidad se impone sin discursos. La Cumbre de Ormuz del 2 de abril reunió a más de 40 países en Londres, presidida por la ministra Yvette Cooper. Estados Unidos no asistió. Trump fue claro: “no es trabajo de EE.UU.” El contexto: 23 ataques directos a buques comerciales, 11 tripulantes muertos, y la Guardia Revolucionaria iraní operando un sistema de peaje de facto en el estrecho.

Cuarenta países se reunieron. El resultado tangible fue… el encuentro mismo.


Dos raseros, un solo mapa

Aquí es donde la hipocresía deja de ser anecdótica y se vuelve estructural. Europa condena a Irán con vehemencia — y con razón material: los ataques al comercio marítimo afectan rutas energéticas y cadenas de suministro. Pero ese mismo vigor se desvanece cuando el tema es Gaza o Líbano.

Líbano: más de 1,240 muertos en cuatro semanas, 1.1 millones de desplazados. Gaza: 72,260 muertos totales, incluyendo 673 desde el alto el fuego de octubre. Las sanciones europeas contra Israel nunca encontraron mayoría. Hungría vetó. Alemania y Austria se mostraron reacias. El silencio, en estos casos, también es una posición política.

No se trata de pedir coherencia moral. Se trata de notar que la coherencia que Europa exige a otros nunca se aplica a sí misma. La indignación selectiva no es un accidente: es el mecanismo. Cuando el estrecho de Ormuz arde, hay cumbres y comunicados. Cuando Gaza y Líbano arden, hay abstenciones y vetos.

El emperador no está desnudo porque alguien le quitó la ropa. Está desnudo porque decidió que la ropa era opcional — para él, no para los demás.


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